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Ver Trabajo Especial ¡no! al neoliberalismo |
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| Con la aplicación del Modelo Obrero Venezolano |
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| Caigua: Materializando el socialismo del siglo XXI |
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Ubicada al norte del estado Guárico y a más de cuatro horas de camino desde Caracas por vías intrincadas, se encuentra la capital del Municipio José Tadeo Monagas, Altagracia de Orituco, lugar de tierras fértiles, excelentes carnes y cuna de la “Revolución Gracitana”.
Así denominan algunos a todo el proceso que se ha llevado a cabo en el Complejo Agroindustrial de Guárico, mejor conocido como Caigua, donde sus trabajadores tomaron el control de las instalaciones ante la negligencia y los maltratos del otrora patrono de la empresa, y asumieron la responsabilidad de sacar adelante a esta procesadora de tomates, más que por ellos mismos, por su comunidad.
Fundada a principios de los ochenta, Caigua fue el resultado del trabajo de un grupo de productores que no hallaban dónde y cómo colocar sus productos agrícolas y decidieron agruparse. Desde sus inicios fueron varias las administraciones que se hicieron cargo del complejo, “la última fue pésima”, recalca Rómulo Urdaneta, Coordinador de Laboratorio y con más de diez años en la empresa.
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Complejo Agroindustrial de Guárico, mejor conocido como Caigua |
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| " ¿Que cómo la tomamos?, ¡pues tomándola!" |
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 Urdaneta relata que ante las faltas de los patrones, la falta de beneficios y los maltratos al personal, un numeroso grupo de trabajadores estuvo de acuerdo en tomar la empresa y se organizaron para ejecutar la medida. “No se podía decirle a todo el mundo, porque había gente que estaba con la administración, trabajadores que eran muy amigos de ellos, si se enteraban les iban a avisar. Por eso se escogieron a varias personas aliadas para hacer la toma”.
Al preguntarle cómo se hace para tomar una empresa, Rómulo intenta esquivar la pregunta con una ligera sonrisa de picardía, “¡Pues tomándola!”, responde. “Eso se estuvo planificando por algún tiempo, llegó el momento de concretar todo, se decidió venir temprano en la mañana, el 7 de julio del 2005, cerrar las puertas y no dejarlos entrar (a los patronos). Cuando ellos llegaron se dieron cuenta de que la mayoría estaba aquí adentro, los vigilantes estaban con nosotros. Se encontraron con la sorpresa”, dice Urdaneta al insistirle.
 Para los trabajadores no fue nada fácil, tuvieron que pedir ayuda al pueblo, algunos establecimientos les brindaron apoyo voluntariamente, “pasamos hambre durante cuatro meses”, dice Manuel Caldera, miembro de la empresa. Y no es de extrañar que la comunidad haya respondido de esa manera, no en vano Caigua es la fuente de ingreso de numerosas familias. También recibieron aportes de la Misión Sucre y el Frente Francisco de Miranda. Luego de algunos meses y gracias a la intervención del Ministerio del Trabajo, los empleados lograron tomar posesión de la parte administrativa y se constituyeron en cooperativa, con lo que ahora todos son socios.
"Durante los primeros meses tuvimos la ayuda de muchas personas del pueblo”, recalca Caldera, “no contamos con el gobernador ni con el alcalde, siempre nos cerraron las puertas, nunca nos dieron ayuda, nunca aportaron nada, decían que éramos unos locos. Sólo recibimos ayuda del Ministerio del Trabajo, que siempre estuvo con nosotros. Los demás ahora sí hacen creer que nos apoyan para figurar con el presidente Chávez. Nosotros somos lo que somos gracias al pueblo y vamos a demostrarle de lo que somos capaces”.

Según lo explica Aura Rosa Quevedo, miembro del equipo de apoyo técnico por parte del Mintra, su labor consiste en hacerle seguimiento y control al financiamiento otorgado por el Estado, “las decisiones internas las toma la cooperativa en asamblea”.
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| La seguridad y la salud por encima de todo |
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 Siendo uno de los proyectos donde el protagonismo lo tiene pueblo, la asistencia de diferentes instituciones no se haría esperar. El Instituto Nacional de Prevención, Salud y Seguridad Laborales (Inpsasel) acudió al llamado y diseñó un plan de intervención específico para aquellas empresas de producción social (EPS) que han sido recuperadas por los trabajadores, con el que se les está acompañando en todo lo que tiene que ver con la seguridad y salud en sus puestos de trabajo, para así evitar o minimizar los riesgos que pudieran causar accidentes o enfermedades.
Para Gustavo Sequera, Coordinador de Seguridad del Inpsasel, más de la mitad del problema está resuelto, “muchos de los accidentes surgen precisamente porque otro organiza el proceso productivo para sus propios intereses y no piensa en satisfacer las necesidades de los trabajadores”.
“Es por eso que nosotros hemos iniciado un trabajo que parte de la formación y la implementación del Modelo Obrero Venezolano para que ellos autogestionen la seguridad y la salud, allí serían ellos mismos que van a hacer la gestión. En las empresas capitalistas la gestión de la seguridad la lleva el empleador con un equipo que por lo general no siempre atiende los intereses de los trabajadores”, explicó Sequera.
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| La salud no se vende, se defiende |
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Alberto Bonilla es el promotor del Inpsasel encargado de formar a los trabajadores de Caigua en la aplicación del Modelo Obrero, el cual, según detalla, posee cuatro características fundamentales: la no monetarización, la no delegación, la participación activa en el proceso y el uso de los resultados para cambiar la realidad existente.
“La salud no se vende, se defiende”, a eso se refiere Bonilla con la no monetarización, es decir, que la nocividad del ambiente de trabajo, que es un riesgo para los trabajadores, se debe transformar, eliminar o minimizar, en lugar de pagarle al empleado una prima por su exposición al peligro como suele hacerse en algunas empresas.
El segundo principio del Modelo Obrero, señala que los trabajadores no deben delegar en nadie la defensa de la salud en el trabajo, ellos mismos deben asumir la responsabilidad como protagonistas del proceso.
El tercer punto habla sobre el reconocimiento de la experiencia obrera como un saber, “un saber que a través de una sistematización, a través de un modelo, se convierte en un saber científico, pasa de ser algo subjetivo a ser algo objetivo”, afirma Bonilla.
Finalmente, el diagnóstico de cualquier estudio en el centro de trabajo tiene sentido si es para cambiar esa realidad, el modelo impone que los resultados de cualquier investigación sea el punto de partida para cambiarla.
Bonilla agrega, que con estos principios son los mismos trabajadores quienes evalúan sus puestos de trabajo, identifican los riesgos y, con la asesoría del Inpsasel, jerarquizan y proponen las soluciones pertinentes a los problemas de seguridad y salud. “La pertinencia de la intervención en salud laboral ocurre por varias razones, una porque ante todo es un derecho y así está consagrado en la constitución y en la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente de trabajo (Lopcymat). El segundo elemento es porque en buena medida, un ambiente de trabajo sano va a contribuir a que en una empresa como ésta, una empresa recuperada, eleve los niveles de producción. La tarea que tiene Inpsasel es garantizar un ambiente de trabajo que no represente un riesgo para la salud de los trabajadores y las trabajadoras, y que contribuya a ser sostenible ese proyecto, que en buena medida representa las primeras luces del socialismo del S. XXI”.
Producir, producir y producir…
Visitar Caigua es toda una experiencia de aprendizaje, 57 trabajadores que a su vez son patronos no suelen verse muy a menudo, personas con una profunda convicción de esfuerzo y trabajo que se han convertido en una especie de adictos al trabajo gracias al compromiso que asumieron al echarse al hombro toda una planta procesadora de tomate.
Producir, producir y producir, es la consigna, bien sea por sus compañeros, por su familia o por su comunidad, todos se adueñaron de la “Revolución Gracitana” y de la responsabilidad que conlleva estar en mira de aquellos que apuestan a que este modelo de producción social realmente funcione.
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| Viste que sí hay ruido… si el ingeniero del Inpsasel se pone el protector es porque sí hay ruido |
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Cuando el Inpsasel llega a un centro de trabajo, y los presentes saben qué es el Inpsasel, de inmediato se asume la presencia de la autoridad en salud y seguridad laboral. A pesar de los cuatro años que tiene funcionando la institución, ha sabido ganarse el respeto y reconocimiento de los más diversos sectores.
Quizá por ello es que cuando uno de los ingenieros del Inpsasel entró a la sala de calderas, donde los niveles de ruido son sumamente altos y éste inmediatamente se colocó sus protectores auditivos, uno de los obreros le comenta a otro: “viste que sí hay ruido… si el ingeniero del Inpsasel se pone el protector es porque sí hay ruido”. Aunque podría parecer obvio que el estruendo de aquellas máquinas aturdiría a cualquiera, el obrero que labora allí perdió la capacidad de percatarse de ello hace muchos años. Como lo aclaró Gustavo Sequera, la exposición al ruido por encima de ciertos decibeles genera sordera irreversible.
"Muchas veces el trabajador no está conciente del peligro de estar expuesto a determinado peligro y pasan los años mientras se le está desarrollando una enfermedad ocupacional. Para ese obrero el ruido no es tan alto porque ya no puede oír a esos niveles, sin darse cuenta se ha estado quedando sordo”, agregó Sequera.
"Por ello es importante que los trabajadores conozcan sus derechos y asuman la responsabilidad de su propia salud”, recalca Alberto Bonilla, “a ese trabajador nunca se le dio un protector auditivo, un implemento sencillo y económico que pudo haberle salvado el oído, tampoco nadie se preocupó por mejorar las condiciones de las máquinas para aminorar el ruido. Situaciones como esa ocurren todos los días, no sólo con el ruido, sino con el calor, las radiaciones, etc.”.

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| Una deuda con el pueblo |
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 Domingo Meléndez, mejor conocido como “El Profe”, quien se ha ganado el apodo gracias su rol orientador por parte del Ministerio del Trabajo como asesor técnico. “La formación que les está dando el Inpsasel los nutre como trabajadores, los ayuda a adaptarse a este nuevo esquema socialista, los ayuda a saber aplicar el conocimiento que tienen, sobre todo en sus acciones de trabajo para el progreso de ellos mismos, de un pueblo, de una comunidad”.
Se trata de un proyecto muy grande, “ahorita sólo estamos aprovechando una parte del potencial de Caigua, lo que se quiere es desarrollar todo un núcleo alimenticio, un auténtico núcleo endógeno, donde se puedan desarrollar diferentes productos del agro hasta su fase final, y ofrecerle a los venezolanos un producto de alta calidad con todos sus valores nutricionales, a un valor solidario, por supuesto”, afirma El Profe. “Esto significa para mí un orgullo, bajo este esquema socialista moderno, uniendo de forma participativa lo social, lo económico y cultural, para trabajar desde la siembra hasta la manufacturación del producto.
Aquí vamos a hacer un combo endógeno, y eso va directamente a la población, al pueblo venezolano, porque esto va a saldar un conjunto de deudas, esta empresa tiene una deuda con el pueblo gracitano, con el Estado y con todo el pueblo venezolano”.
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