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  El 8 de marzo “Día Internacional de la Mujer ”

  Mujeres trabajadoras:
  Lucha sin descanso hasta lograr igualdad

  El objetivo final es lograr un mundo mejor para mujeres y hombres,   pues al final somos y seguiremos siendo compañeros de camino,   resalta   Olga Lucia Roldán, docente de la UCLA y terapeuta   ocupacional   de la Diresat-Lara

El próximo 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer y aunque su origen y antecedente continúan siendo un hecho de discusión en el seno de las historiadoras de la teoría feminista, este día se celebra desde hace más de ocho décadas. Mujeres y hombres que trabajan por las causas de las mujeres, conmemoran en todo el mundo los esfuerzos que éstas han realizado por alcanzar la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo. Fue propuesto por primera vez por la alemana Clara Zetkin, integrante del Sindicato Internacional de Obreras de la Confección , durante el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, Dinamarca.

Si bien, no hay acuerdos entre las historiadoras sobre el motivo para elegir el día 8 de marzo, algunas dicen que fue para honrar la memoria y el testimonio de la lucha de un grupo de mujeres que, con gran entereza ocuparon en 1857 la fábrica textil donde trabajaban en la ciudad de Nueva York, para exigir igualdad de salarios y una jornada de 10 horas de trabajo. La respuesta de los dueños a esta reclamación fue provocar el fuego en la planta ocupada, provocando la muerte de 129 obreras. Otras, en cambio, dicen que fue en reconocimiento de la lucha de las mujeres en Rusia para lograr la plena igualdad de derechos entre hombres y mujeres, en especial el derecho al voto para las mujeres.

Lo cierto del caso, es que la historia del 8 de marzo está cruzada por situaciones y hechos que muestran un escenario más complejo y rico en acontecimientos marcados por la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa , la lucha por el sufragio femenino, las pugnas entre socialistas y sufragistas, y el creciente auge del sindicalismo femenino durante las primeras décadas del siglo XX en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica

Pero más allá de fronteras nacionales y diferencias étnicas, lingüísticas, culturales, económicas y políticas, las mujeres de los cinco continentes organizan diversos eventos para festejar este día y refrendar la conciencia de que no sólo la mitad de las obligaciones, sino también de los derechos, les corresponden.



Clara Zetkin, integrante del Sindicato Internacional de Obreras de la Confección
 

Por la igualdad

“Al nacer mujeres y hombres somos como una página en blanco. Nacemos con las mismas capacidades, las diferencias son solo físicas, es decir del cuerpo, pero a lo largo de nuestra vida nos van haciendo diferentes, no sólo diferentes sino también desiguales".

Este párrafo forma parte del libro “ Lo aprendido se puede cambiar... Analizando nuestra situación de mujer y buscando alternativas” , donde se realizan reflexiones sobre los fundamentos de la marginación de las mujeres.

Sin duda alguna, que a propósito del 8 de marzo “Día Internacional de la Mujer ”, lo dicho en ese párrafo tiene un gran significado, más aun si tomamos en cuenta la relación salud- trabajo- enfermedad, relación que para Olga Lucía Roldán, profesora de la Universidad Centro-occidental “Lisandro Alvarado” y terapeuta ocupacional de la Dirección Estadal de Salud de los Trabajadores, Diresat-Lara, es una manera de entender como las condiciones de vida, tanto en el trabajo como fuera de el, afecta a hombres y mujeres, pero a su juicio, cuando se miran con visión de género, con perspectiva de género hay que empezar a conseguir las diferencias, o cómo esta relación es diferente para unos y otras.

Esta segura que las diferencias empiezan desde el reparto de tareas, y aclara que se refiere a reparto de tareas y no a asignación natural de tarea porque lo que se busca es desnaturalizar. “Nos hemos dividido el trabajo a lo largo de la historia, mujeres y hombres, pero no por causas naturales”. Considera Roldán, que esa división ocurre basada en la biología o en la diferencia sexual, es decir, que por el hecho de ser hombre haces esto o aquello y por el hecho de ser mujer haces otra cosa.

La terapeuta ocupacional de la Diresat-Lara , habla de la categoría de género a la que califica como un reparto social, un reparto histórico y en muchas culturas un reparto impuesto de roles o tareas que se consideran naturales o normales para ellas. “Prueba de ello es que hemos evolucionado y las oportunidades o el mundo que tenemos como mujeres es diferente al de nuestras abuelas, entonces la manera como nos hemos organizado hombres y mujeres para producir lo que denominamos las relaciones sociales de producción y cómo nos hemos insertado en ese mercado de trabajo, también ha sido diferente a lo largo de la historia”.

Resalta que mujeres trabajadoras fuera de la casa han habido a lo largo del tiempo, así que no es únicamente la categoría género la que define la inserción de las mujeres sino también la categoría clase, “ya que las mujeres proletarias han trabajado toda la vida”. Está segura que mantener el rol de las mujeres ubicado en lo domestico y el de los hombres ubicado en lo reproductivo, nos enferma y nos hace tener manera de vivir distintas y particulares.

Insiste en que las diferencias existentes en la inserción laboral entre hombres y mujeres, han llevado a tener perfiles diferentes de vida, salud y de exposición de riesgo o a procesos peligrosos. Al mismo tiempo señala que las posibilidades de inserción en un trabajo tienen valoraciones diferentes para las mujeres , por ejemplo, se estima que las mujeres en Venezuela, en el sector privado, ganan cerca del 79 por ciento de lo que ganan los hombres, es decir que se observa una diferencia de genero en los ingresos.

Explica que por la misma forma de inserción en el trabajo las mujeres desarrollan patologías diferentes, “existe una situación muy particular, porque según los patronos les resultamos muy costosas al sector salud y por eso es que se puede ver que en los planes de HCM las mujeres siempre pagamos más que los hombres, ya que se asume que somos más usuarias de los servicios de salud porque a la larga desarrollamos más enfermedades crónicas que los hombres”.

Ante esta situación, muchos investigadores han señalado que la relación entre la salud y el trabajo no es una relación simple y no se reduce a la presencia de factores de riesgo “x” que producen enfermedades. La intención de comprender esta relación en mayor profundidad y como proceso social, es por la necesidad de promover condiciones de trabajo que no “enfermen o accidenten”, y que permitan el desarrollo de las potencialidades humanas, tanto individuales como colectivas.

Para los investigadores en la materia, mantener el rol de las mujeres ubicado en lo domestico y el de los hombres ubicado en lo reproductivo, es un proceso social al que es necesario desvestir de la “naturalidad” para evitar que se sigan justificando inequidades. Señalan que deben combatirse las interpretaciones biologizadas de la vida humana que sitúan las razones de la desigualdad en la invariabilidad genética y no en las estructuras sociales posibles de ser transformadas.

 

                    Mujer = Trabajadora = Mujer

"Los derechos humanos de la mujer y de la niña son parte inalienable, integrante e indivisible de los derechos humanos universales. La plena participación, en condiciones de igualdad, de la mujer en la vida política, civil, económica, social y cultural en los planos nacional, regional e internacional y la erradicación de todas las formas de discriminación basadas en el sexo son objetivos prioritarios de la comunidad internacional."

(Declaración y Programa de Acción de Viena, parte I, párrafo 18)

Para la profesora de la UCLA , el tema de la relación salud - trabajo en la mujer es bastante amplio y no se circunscribe específicamente a las condiciones del microclima laboral y su impacto directo sobre las condiciones de salud, sino que intenta comprender de manera más profunda, los determinantes de dicha relación en la vida femenina

A través de una investigación realizada, Roldán hace mención al médico epidemiólogo ecuatoriano, Jaime Breilh, quien ha dedicado su interés investigativo a establecer las diferencias de género en la relación salud-trabajo, lo que lo llevó a plantear la teoría de la Triple Carga en la salud de las mujeres, la cual está constituida por el trabajo insertado o trabajo remunerado, la práctica social doméstica (que incluye el trabajo doméstico, crianza, afecto y educación, participación social, tiempo libre y auto – desarrollo) y sexualidad y desgaste biológico de la reproducción.

“Si bien, el trabajo ha traído innumerables ventajas a las mujeres tales como mayor integración social, aprendizaje, identidad socio – personal, organización del tiempo y mejoría del ingreso, entre otras, también ha traído algunas desventajas como la exposición a procesos peligrosos (riesgos) tradicionales, trabajo deshumanizado, subvalorado, monótono, sobrecargas y subcargas” .

Es indudable que cada vez es mayor la participación de la mujer en el trabajo insertado. Según cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) más del 70% de la población femenina en los países desarrollados y cerca del 60% en los países en desarrollo trabajan en un empleo remunerado.

Basada en la teoría de Breilh, Olga Lucia Roldán señala que mujeres y hombres pueden compartir en el trabajo insertado, daños y angustias similares en muchos casos, pero que el trabajo de la mujer no termina al finalizar la jornada laboral; allí comienza su segunda jornada, la del trabajo doméstico el cual ha sido determinado social e históricamente como una responsabilidad exclusivamente femenina. Esta segunda jornada, está caracterizada por las actividades propias del trabajo doméstico que propician la reproducción de la fuerza de trabajo familiar y por la práctica social en sí misma, que cumple un papel orientador hacia los intereses históricos del colectivo familiar en su clase y género.

De esta manera, a su juicio debe resaltarse que no se puede reducir la práctica social doméstica al trabajo doméstico y que los problemas de la práctica social doméstica implican un importante dominio de lo social y humano, por lo tanto involucran a hombres y mujeres .

Por supuesto que Roldán habla apasionadamente del tema, no sólo por las investigaciones realizadas al respecto, sino también por su condición de mujer. Continua con el tercer determinante del perfil de vida y salud de las mujeres, que a su juicio, es el desgaste propio causado por la reproducción biológica y el ejercicio de una sexualidad, para muchas mujeres, enmarcado en el hecho de ser objeto sexual del otro y tener negado el derecho al disfrute.

“ Sí tenemos cosas que celebrar ”

“ Es un día para tomar conciencia de lo que las mujeres hemos conseguido y del camino que nos falta por recorrer”

C r i s t i n a   A l m e i d a (Destacada abogada laborista española, defensora de los derechos de la mujer)

Al igual que muchas mujeres, para Olga Lucia Roldán la celebración del Día Internacional de la Mujer es un logro. “Hay muchos hombres que preguntan por qué no celebramos el día internacional del hombre trabajador, yo les digo que cuando uno tiene privilegios no tiene que estar reivindicando nada, en cambio las mujeres necesitamos reivindicar lo que hemos ido logrando y por eso necesitamos seguir en la lucha. La conmemoración del día significa el reconocimiento al hecho de que tú y yo seamos profesionales, lo que sin duda alguna implicó que muchas mujeres entregaran su vida para lograr esos avances”.

Considera que también tenemos que celebrar, porque pese a que todavía no hemos conquistado todo lo que queremos, hoy en día las mujeres han logrado una incorporación más reconocida en el ámbito laboral , lo que ha llevado a que los hombres se vayan adueñando del espacio doméstico como responsabilidad, “eso ha sido el trabajo de muchas valiosas mujeres, incorporarnos a nosotros al espacio productivo pero también atraer a los hombres al espacio reproductivo”.

Finalmente, para Olga Lucia Roldán, el abordaje de la lucha por la salud de la mujer trabajadora debe tener tres frentes: el trabajo, la familia y la sociedad. Lucha que debe también enmarcarse dentro de los principios humanistas de trabajo creativo, libertad plena, universalidad, solidaridad e historicidad, a fin de construir cada día un mundo mejor para mujeres y hombres, “pues ante todo somos y seguiremos siendo compañeros y cómplices de camino”.

“No se trata de “quitar” deberes a seres masculinos para colocar los femeninos, ni de asumir acríticamente unos u otros como los “correctos”. Se trata de construir en cada espacio e individualidad un mundo verdaderamente humano en donde biología no sea sinónimo de destino, subordinación ni discriminación”.

Olga Lucía Roldán 1 2 3 4