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Por la igualdad “Al nacer mujeres y hombres somos como una página en blanco. Nacemos con las mismas capacidades, las diferencias son solo físicas, es decir del cuerpo, pero a lo largo de nuestra vida nos van haciendo diferentes, no sólo diferentes sino también desiguales".
Este párrafo forma parte del libro “ Lo aprendido se puede cambiar... Analizando nuestra situación de mujer y buscando alternativas” , donde se realizan reflexiones sobre los fundamentos de la marginación de las mujeres. Sin duda alguna, que a propósito del 8 de marzo “Día Internacional de la Mujer ”, lo dicho en ese párrafo tiene un gran significado, más aun si tomamos en cuenta la relación salud- trabajo- enfermedad, relación que para Olga Lucía Roldán, profesora de la Universidad Centro-occidental “Lisandro Alvarado” y terapeuta ocupacional de la Dirección Estadal de Salud de los Trabajadores, Diresat-Lara, es una manera de entender como las condiciones de vida, tanto en el trabajo como fuera de el, afecta a hombres y mujeres, pero a su juicio, cuando se miran con visión de género, con perspectiva de género hay que empezar a conseguir las diferencias, o cómo esta relación es diferente para unos y otras. Esta segura que las diferencias empiezan desde el reparto de tareas, y aclara que se refiere a reparto de tareas y no a asignación natural de tarea porque lo que se busca es desnaturalizar. “Nos hemos dividido el trabajo a lo largo de la historia, mujeres y hombres, pero no por causas naturales”. Considera Roldán, que esa división ocurre basada en la biología o en la diferencia sexual, es decir, que por el hecho de ser hombre haces esto o aquello y por el hecho de ser mujer haces otra cosa. La terapeuta ocupacional de la Diresat-Lara , habla de la categoría de género a la que califica como un reparto social, un reparto histórico y en muchas culturas un reparto impuesto de roles o tareas que se consideran naturales o normales para ellas. “Prueba de ello es que hemos evolucionado y las oportunidades o el mundo que tenemos como mujeres es diferente al de nuestras abuelas, entonces la manera como nos hemos organizado hombres y mujeres para producir lo que denominamos las relaciones sociales de producción y cómo nos hemos insertado en ese mercado de trabajo, también ha sido diferente a lo largo de la historia”. Resalta que mujeres trabajadoras fuera de la casa han habido a lo largo del tiempo, así que no es únicamente la categoría género la que define la inserción de las mujeres sino también la categoría clase, “ya que las mujeres proletarias han trabajado toda la vida”. Está segura que mantener el rol de las mujeres ubicado en lo domestico y el de los hombres ubicado en lo reproductivo, nos enferma y nos hace tener manera de vivir distintas y particulares. Insiste en que las diferencias existentes en la inserción laboral entre hombres y mujeres, han llevado a tener perfiles diferentes de vida, salud y de exposición de riesgo o a procesos peligrosos. Al mismo tiempo señala que las posibilidades de inserción en un trabajo tienen valoraciones diferentes para las mujeres , por ejemplo, se estima que las mujeres en Venezuela, en el sector privado, ganan cerca del 79 por ciento de lo que ganan los hombres, es decir que se observa una diferencia de genero en los ingresos. Explica que por la misma forma de inserción en el trabajo las mujeres desarrollan patologías diferentes, “existe una situación muy particular, porque según los patronos les resultamos muy costosas al sector salud y por eso es que se puede ver que en los planes de HCM las mujeres siempre pagamos más que los hombres, ya que se asume que somos más usuarias de los servicios de salud porque a la larga desarrollamos más enfermedades crónicas que los hombres”. Ante esta situación, muchos investigadores han señalado que la relación entre la salud y el trabajo no es una relación simple y no se reduce a la presencia de factores de riesgo “x” que producen enfermedades. La intención de comprender esta relación en mayor profundidad y como proceso social, es por la necesidad de promover condiciones de trabajo que no “enfermen o accidenten”, y que permitan el desarrollo de las potencialidades humanas, tanto individuales como colectivas. Para los investigadores en la materia, mantener el rol de las mujeres ubicado en lo domestico y el de los hombres ubicado en lo reproductivo, es un proceso social al que es necesario desvestir de la “naturalidad” para evitar que se sigan justificando inequidades. Señalan que deben combatirse las interpretaciones biologizadas de la vida humana que sitúan las razones de la desigualdad en la invariabilidad genética y no en las estructuras sociales posibles de ser transformadas.
   
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