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        Denuncia el Inpsasel

 Empresas venezolanas estarían usando teoría caduca de los años 30 para culpar
a los trabajadores de los accidentes laborales

Un viejo planteamiento que clasifica a los trabajadores en “riesgógenos” y “preventores” según una presunta predisposición a los accidentes laborales estaría siendo usado por algunas empresas para discriminar a los trabajadores
 

El Instituto Nacional de Prevención, Salud y Seguridad Laborales (Inpsasel) denunció a través de su Directora General, María Alejandra Bolívar, la intención de algunas empresas de usar una teoría que atribuye el origen de los accidentes laborales a causas psicológicas y genéticas, para discriminar a los trabajadores en la selección de personal.

El planteamiento, formulado por algunos investigadores laborales en la década de los 30, señala como causantes de los accidentes a los trabajadores, estableciendo una clasificación que los divide en “riesgógenos” y “preventores”, asumiendo que existe una predisposición hereditaria a sufrir accidentes o prevenirlos.

Bolívar denunció que algunas empresas en Venezuela estarían usando actualmente esta teoría de la “conducta insegura”, en detrimento de la concepción moderna multifactorial donde se evalúan toda una serie de elementos para hallar las causas de un accidente, entre los cuales predominan las “condiciones inseguras” y la falta de control.

Con este planteamiento se pretendería culpar a los trabajadores de cualquier suceso que ocurra en los centros de trabajo sin tomar en cuenta la organización del trabajo, el ambiente laboral, el exceso de horas laborales, la sobre carga física y mental, además de la falta de políticas, organismos de prevención y supervisión que reflejan la inexistencia de una gestión adecuada en el ámbito de la salud y seguridad en el trabajo.

Evolución de la "culpa laboral"

Desde los primeros tiempos del trabajo, cuando se pensaba que las jornadas debían estar llenas de esfuerzos y sudor, la causa de los accidentes laborales se atribuía a la fatalidad, a la mala suerte o hasta al disgusto de los dioses. Así fue como algunos gremios comenzaron a nombrar santos y vírgenes como sus patronos protectores: San Isidro Labrador para los agricultores, Santa Bárbara para los mineros, por ejemplo.

Sin embargo, el rechazo a una teoría errónea como ésta, no significa necesariamente que la que venga en reemplazo sea precisamente la correcta. La corriente que vino a sustituir la fatalidad como única razón de los percances en el trabajo, fue la del “acto inseguro” protagonizado por un “trabajador inseguro” que provocaba su propio accidente.

Este idea la propuso Heinrich (1930), quien fue el primero en concebir que la seguridad laboral podía ser gestionada como otras áreas de la empresa, habló del enfoque multidisciplinario de la prevención y estableció los elementos que deben integrar un programa de seguridad: supervisión, normas, educación, identificación de peligros, inspección, comités de seguridad, entre otros. No obstante, planteó que el 88% de los accidentes se debían a actos inseguros, mientras que sólo el 10% a condiciones inseguras, y el otro 2% a causas imposibles de prevenir. Bajo esta premisa, sostenía que el control del “acto inseguro” de los trabajadores era la clave para la prevención.

Una psicóloga de la época, Flore Dumbars, sostuvo que el 80% de quienes habían sufrido un accidente grave tendían a sufrir otros, y tenían una personalidad particular, por ejemplo: tenían buenas condiciones de salud, solían ser inmunes a gripes o indigestiones, no eran torpes, pero a menudo eran impulsivos y se hallaban resentidos hacia la autoridad; comparando el carácter del “riesgógeno” con la de un delincuente juvenil.

Marbe (1936), siguiendo la misma corriente de Dumbars, planteó la teoría del “hombre accidentable”. Se trata de aquel que muestra tendencia a los accidentes sufriéndolos repetidas veces debido a características individuales específicas que se desvían de la norma y que están determinadas hereditariamente, en contraparte, existiría el “hombre de seguridad”. En otras palabras, esta idea supone la existencia de hombres fatales y hombres afortunados desde su nacimiento.

Por consiguiente, la prevención de accidentes estaría orientada hacia la detección de estos “hombres” con el fin de seleccionar el personal preventor, obviando el aumento de la seguridad a través de medidas de prevención en el ambiente de trabajo.

Otros autores como Freíd, Adler y Le Shan, vieron los accidentes laborales como formas de autocastigo, de huir del trabajo, de salir de los problemas personales. Sin embargo, a pesar de todo el conocimiento científico, psicológico y social que existe actualmente, todavía hay una cultura dominante, incluso entre especialistas y trabajadores de que estos últimos son los culpables de sus propios accidentes.


Más elementos de culpa


Junto con la noción del acto inseguro apareció la idea de la “distracción” como causa fundamental, lo que supondría ignorar algunos conceptos de neurofisiología y psicología básica: “la atención es una función psíquica superior por definición fatigable”. Si se quisiera un trabajador que no se distrajese tendría que reemplazarse por una máquina que haga exactamente lo mismo. El error humano es intrínseco a su naturaleza y en el diseño de cualquier sistema de gestión de seguridad y salud debe preverse esta posibilidad y tomar las medidas preventivas correspondientes.

El machismo es otro de los elementos a los que se suelen atribuir los accidentes, ya que funciona como una fachada o estructura de defensa para continuar trabajando en condiciones de riesgo; se cree que ignorarlo equivale a dominarlo, con lo cual se salvaguarda la salud mental a costa del peligro. En muchas ocupaciones también existe una tendencia hacia la “naturalización de riesgo”, es decir, la ocurrencia de accidentes y enfermedades se ve como algo “normal”, tal es el caso de la construcción o del personal de los centros de salud; de allí la importancia de la consolidación de una conciencia de prevención a través de la información y formación permanente.

Igualmente, el incumplimiento de las normas por parte de los trabajadores también suele verse como una causa. Algunas investigaciones recientes han mostrado que el incumplimiento de las normas tiene una correlación directa con el desacuerdo con ellas y en el hecho de que los trabajadores muestran mayor confianza en sus propias estrategias. En este sentido, Bolívar asegura que “es muy difícil internalizar una norma sobre el trabajo propio cuando el trabajador no ha participando en su creación. Cuando las reglas se hacen a espalda de los trabajadores, se piensa en el trabajo prescrito y no en el trabajo real”.


   

En este sentido, la Directora General del Inpsasel, afirma que para la prevención es necesario tomar en cuenta algunos elementos fundamentales:

 

Los accidentes no tienen una sola causa

Los trabajadores no son los causantes de los accidentes, son sus víctimas

La investigación de los accidentes debe estar dirigida a conocer sus causas, no los culpables

La mejor forma de prevenir es eliminando o minimizando los riesgos

Se deben diseñar o adaptar las máquinas y el sitio de trabajo al hombre y no al revés

La organización del trabajo no debe ir en detrimento de la salud de los trabajadores

Los trabajadores deben participar de forma activa y protagónica en la elaboración
de normas y medidas de prevención

Los mismos trabajadores deben ser los encargados de vigilar sus condiciones de trabajo
a través de los delegados y delegadas de prevención

Los equipos de protección personal no previenen los accidentes

"El tema de la prevención es un asunto complejo que debe manejarse de forma multifactorial”, agrega Bolívar, "por eso desde el Inpsasel vemos la salud y la seguridad laboral como algo integral. Estamos hablando no sólo de condiciones de trabajo, sino de condiciones de vida, del derecho al descanso y la recreación, tal como lo establece la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo (Lopcymat), es fundamental no ceñirse únicamente a detectar la presencia o ausencia de riesgos o agentes en el centro de trabajo. Lo importante es descifrar las razones, causas, relaciones y determinaciones que intervienen para que un momento dado esos procesos se alteren y se produzca un accidente”.

Por otra parte, Bolívar insiste en la importancia incuestionable que tiene la participación activa y protagónica de los trabajadores en la planificación, organización y ejecución de los programas de seguridad y salud en el trabajo. "Esto no debe ser considerado como un regalo o una dádiva, se ha demostrado que de esta forma ellos mismos no sólo asumen el tema como algo propio, sino que impulsan considerablemente la producción”. En este sentido, el investigador Oscar Betancourt afirma que incluso muchos empresarios, con una óptica capitalista, han implementado métodos para incorporar a su personal en la toma de decisiones, como una forma de "contrarrestar la monotonía y el sentimiento de frustración y rechazo que tienen los trabajadores en un sistema donde es reducido a simple fuerza de trabajo”. Con esto se estaría reafirmando que la participación puede funcionar bajo cualquier sistema, elevando la productividad mediante la minimización de los accidentes.